"Tendría que haber una incubadora de emprendimientos de base social”

Lunes 20 de agosto de 2012
Alina Báez | Secretaría de Investigación y Posgrado, Humanidades, Unam

En 1973, el entonces presidente del Banco Mundial, Robert MacNamara, anunció la puesta en marcha de una política de programas “orientados hacia la pobreza”. La idea era introducir en el concepto de 'desarrollo' de los países con altos índices de vulnerabilidad elementos que contemplaran aspectos sociales y culturales. Es decir, que al crecimiento del PBI o el grado de monetarización y bancarización de las sociedades, se puedan añadir -y producir- transformaciones significativas en la vida de la gente (salud o educación). Pero estas iniciativas, planeadas desde los escritorios de países centrales, fracasaron por no contemplar la participación de las poblaciones locales, que resultaron siendo meras receptoras de esa 'ayuda'.
Por estas latitudes, tras el colapso de 2001, comenzaron a pensarse políticas que sí contemplaran el plano local como clave de ese pretendido desarrollo. A partir de 2003, se pusieron en práctica, por ejemplo, dos planes: el Manos a la Obra, y el de Municipios y Comunas Saludables.
Con el paso de los años, un grupo de investigadores y becarios de la Universidad Nacional de Misiones (Unam) comenzó a estudiar el impacto de esas iniciativas en los municipios de la provincia. La doctora Alina Báez (ver perfil), fue una de las que comandó ese equipo, que trabajó entre 2008 y los primeros meses del año pasado, y dialogó con El Territorio sobre cómo se desenvolvieron las pequeñas comunas en la idea de lograr el desarrollo local.

 

¿En qué situación encontraron a los municipios misioneros que buscaban su desarrollo?

Con un déficit de infraestructura que se identificaba, por ejemplo, en el acceso al agua potable, que sigue siendo un problema eje a la hora de pensar la salud, la calidad de vida, la higiene y el aseo personal. Hay médicos que cuentan que en Misiones la gente va a la consulta sin pasar por el baño, porque no tiene agua o, si hace frío, el agua está helada. Además, vimos la necesidad de las comunas de contar, aunque sea, con un puesto de salud que tenga una capacidad operativa aceptable, porque no olvidemos que cuanto más pequeño sea el pueblo, la presencia del médico es más espaciada. Entonces los intendentes se veían haciendo las mil y una para tratar de atraer el interés de algún médico, incluso había una doble contratación, de la provincia y del municipio. Y también vimos falta de recursos, lo que impide que cualquier plan sea sostenible en el tiempo. Yo rearmé un conjunto de indicadores sobre la base de los datos publicados (del último censo -ver cuadro-) para ver un poco en qué medida la vulnerabilidad social sigue mostrando valores altos. Y ahí se ve que Misiones adolece de pobreza persistente. 

 

¿Qué dificultades notaron hacia adentro de las comunas?
Hemos estado en municipios muy chiquitos, de 3 mil habitantes, donde la historia reciente de las diferentes contiendas políticas hacía imposible que los actores sociales relevantes (el director de escuela, el maestro, el médico) pudieran negociar con las autoridades un proyecto conjunto que los beneficiara localmente. Además de estas diferencias irreconciliables, también nos encontramos con comportamientos de indiferencia. Y, por el lado de algunos intendentes, los vimos muy desconfiados de lo que pudiéramos registrar, del ojo externo que estaba mirando, no terminaban de franquearnos la entrada al pueblo, porque nosotros queríamos conocer cómo se podían activar esas mesas multiactorales.

 

¿Qué tipo de proyectos se pusieron en marcha?
La idea era reconstruir el tejido social a partir de la promoción de emprendimientos de base local, que permitieran la formación de alguna modalidad cooperativa de integración de sus beneficiarios, para hacer lo que fuere, horticultura, producción de muebles o de juguetes de madera, hasta incluso de chipas. En las experiencias que nosotros acompañamos, hubo el caso de un municipio al que se llevaron dos planes Manos a la Obra, uno para la producción y el cultivo sustentable de hierbas, y otro para la elaboración de dulces regionales. A pesar de tener una base social, ninguno de los dos se pudo sustentar. Al principio llegaron a tener más de cien familias de productores interesadas, pero finalmente empezó a producirse una deserción, un desgranamiento notable, porque el punto es que no hay mano de obra calificada en estos municipios chiquititos. En el proyecto hierba, por ejemplo, que se hizo en un pueblo con una economía basada en actividades rurales, nos encontramos que no sabían cómo mantener una huerta y, por otro lado, ves mucha gente que nunca trascendió los límites del pueblo, es más, discutían por quién no iba a venir a Posadas a la feria franca para vender sus productos.

 

¿Qué otras limitaciones hay en los municipios para el desarrollo local?
El tamaño también es una limitante. Tuvimos el caso de un municipio que abrió dos carreras universitarias, pero el entusiasmo se cayó tras el primer cuatrimestre. Y otras comunas, un poco más grandes, en los que la idea de instalar facultades es un éxito. No de balde el PNUD (Plan de las Naciones Unidas para el Desarrollo), en sus proyectos de promoción de iniciativas de desarrollo local, plantea trabajar con municipios de 20 mil habitantes o más, y si hay comunas interesadas que no llegan a esa cifra, que se unan a otras y pivoteen sobre el pueblo que tenga entre 14 mil o 15 mil.

 

¿Cuál fue el impacto de los proyectos implementados en estos años?
Se puede destacar las elecciones que comenzaron a tomar los destinatarios de esas políticas. Por ejemplo, algunos casos de empleo doméstico. Hubo dos mujeres que accedieron a que sus patrones las blanqueen, pero otra lo rechazó, porque en su experiencia se formó la opinión de que tenía que esperar a cumplir los 60 años y optar por la jubilación sin aportes; ella entendía que si generaba el antecedente de empleo doméstico registrado, eso iba a interferir con su jubilación. No obstante, cuando discutió el sueldo con su patrona, pidió cobrar en mano los aportes patronales que representaban el blanqueo. Entonces, mucha gente aparece tomando decisiones como personas informadas, porque todo esto representó una oportunidad de entrar en la gestión del dinero y de tomar decisiones en relación con una plata que les pertenecía y les correspondía.

 

¿Y qué falta para lograr ese desarrollo?
Los intendentes hacen lo que pueden. Llevar adelante proyectos así, sin presupuesto para hacerlo, hace que a la larga se desinflen, y si encima metés algún tipo de diferencia política, peor, porque se pelean por cualquier cosa en los municipios chicos. En un pueblo chiquitito te encontrás con miles de aristas y te das cuenta que hoy por hoy no hay sociedades simples, que, no por chica, la sociedad deja de ser compleja. Y en lo que efectivamente habría que trabajar es en el sostenimiento de las políticas desde los diferentes planos de las escalas de gobierno; si la Nación impulsa una iniciativa, tiene que recogerla la provincia, y tiene que acompañar el municipal. Y, cuando más pequeña sea la comuna, más presencia tiene que haber. Otra necesidad (de los proyectos) es que tienen que mostrar en corto tiempo que están cambiando la vida de los locales porque, si no trasuntan alguna mejora, no hay acuerdo de base local que pueda cristalizarse y continuar. Así como hay una incubadora de base tecnológica, creo que tendría que haber una incubadora de emprendimientos de base social.

 

¿Es factible avanzar en el desarrollo local en estos tiempos?
Depende de hacia dónde esté orientada la política de un momento determinado. Se requiere un acompañamiento intersectorial activo para que sea factible. El proceso de desarrollo local parte desde abajo, por ello requiere conductores, participación y consenso social, y el involucramiento de las elites dirigentes. Es necesario situarse en el punto de crítico de la política y la sociedad, donde las discontinuidades sociales, las diferencias en los valores, intereses, conocimientos y poder, afloran; y desde allí superar las antinomias en beneficio de los intereses colectivos. No es nada fácil, pero tampoco imposible. En su momento el contexto político era favorable en ese sentido, pero no sé cómo está hoy. Sí sé que el plan Manos a la obra y el de Municipios y Comunidades Saludables, que ocuparon lugares centrales en la página web del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, con el tiempo empezaron a quedar subsumidos en otros links.

 

 

Misiones, según el censo 2010

Estos son algunos de los datos del último censo, llevado a cabo el 27 de octubre de 2010, referentes a la provincia de Misiones. Alina Báez se centró en estos indicadores a la hora de analizar cuestiones, como el acceso a la salud y a la educación.

• 56,1 % de la población de 14 años o más declara ser soltera (con o sin pareja); de ese conjunto, 31,7 % de estas personas está sola o perdió su pareja, y 64 % son mujeres.

• Del total de la población que percibe pensiones o jubilaciones, los que perciben sólo pensión no contributiva representan 46,3%; de ellas, 66.7% son mujeres

• 14% de la población total declara o certifica alguna discapacidad dificultad o limitación permanente para ver, oír, moverse, entender o aprender. De los cuales 51,2% son mujeres.

• La población que tiene obra social, prepaga o plan estatal alcanza 56,3%; 4,6 % tiene programas o planes estatales y 2 % contratación voluntaria. En la primera modalidad, predominan las mujeres: 54,4%, en la segunda, la participación femenina alcanza 48,5%.

• Del total de las viviendas, 38% es de tipo inconveniente (no reúne los parámetros adecuados de terminación y aislamiento, no dispone de dependencias suficientes para el número de moradores; no tiene provisión de agua por cañería dentro de la vivienda; no dispone de retrete con descarga de agua; tiene piso de tierra u otro material precario); 20% tiene letrinas y 82% no está conectada a la red cloacal. En cuanto a disponibilidad de energía eléctrica: 87% está conectado a la red pública o tiene luz eléctrica.

• La población analfabeta alcanza 4,1%, con mayoría de mujeres; y  4% que completó la educación universitaria también con mayoría de mujeres.

• Los datos censales sobre ocupación de 2010 todavía no están disponibles. En el año 2001, el porcentaje de trabajadores familiares o por cuenta propia alcanzaba a 24% de la población ocupada; de los cuales 14% eran trabajos familiares con o sin sueldo, de ese colectivo, 41% eran mujeres, y la amplia mayoría de estas mujeres no recibían sueldo por su trabajo, un 75%. El sector servicios de personal doméstico, contrataba solamente mujeres y representaba el 20% de las mujeres ocupadas. 

• Entre las mujeres ocupadas 5% lo hacían en tareas rurales, al interior de este colectivo, 73% por cuenta propia o como trabajadoras familiares, y de ellas 72% lo hacía sin remuneración fija.

• La magnitud de la regularización del personal doméstico es menor que en el orden nacional. No obstante en el año 2006, representó 6% del total de los regularizados en el país. Fueron beneficiadas las mujeres urbanas.