Hugo Moyano nació en La Plata, en 1944. De origen muy humilde -su padre fue camionero y su madre trabajó en una envasadora de pescado- a muy corta edad recae con su familia en Mar del Plata, donde comienza una carrera política de película.
A los 18, es electo delegado gremial por primera vez en su vida, en la empresa Expresos y Mudanzas. Así arrancaría su carrera dentro del Sindicato de Choferes de Camiones marplatense, donde tras ser vocal y secretario de actas, es electo Secretario General en 1972, con apenas 28 años.
En 1981, en plena dictadura militar, Moyano ejerce la secretaría general de la delegación marplatense de la Confederación General del Trabajo de la República Argentina. Dos años más tarde, se unge como secretario general del Partido Justicialista de Mar del Plata, dando un paso clave para llegar, en 1987, a secretario general del Sindicato de Choferes de Camiones de la Provincia de Buenos Aires, lugar en donde sería reelecto en 1991, 1995, 1999 y 2003. En 2004, con apoyo del entonces presidente Néstor Kirchner, Moyano llegaba a presidente de la CGT, cargo que ostenta hasta nuestros días.
Un empresario exitoso
El ascenso político de Moyano, fue acompañado por el desarrollo de su faz empresaria, casi tan exitosa como su perfil sindical. Quizá, que el gremio de camioneros transporte el 80% del PIB nacional -granos, ganado, hidrocarburos, minerales y diarios, entre otros- haya determinado, en parte que hoy en día Moyano maneje más de $4.500 millones de pesos anuales del Estado. Veamos.
Tiene un porcentaje del Belgrano Cargas, el ferrocarril que recorre 13 provincias para trasladar la producción al puerto. Hombre precavido, tiene su lugar asegurado por si en algún momento el país decidiera abaratar el flete del transporte, cambiando trenes por camiones.
Maneja la Administración de Programas Especiales (APE), unos $1.200 millones de pesos por año, destinados a las obras sociales de los diferentes sindicatos, y dirige el fondo fiduciario Refop (Régimen de Fomento de Profesionalización del Transporte de Carga) por unos $750 millones anuales.
A su vez, posee la empresa Covelia SA, que recoleta la basura de la Ciudad y la Provincia de Buenos Aires por $1.500 millones. Y para asegurar los bienes del sindicato, tiene la aseguradora “Caminos Protegidos”.
Dentro de sus negocios también está Ivetra (Instituto de Verificación del transporte) que controla los conteiners que ingresan al puerto. Esa empresa es menor, factura “apenas” $130 millones por año, aunque sus ingresos superan los del hotel 5 estrellas de Moyano en Pinamar, el lujoso Reviens, o los del Club de Fútbol Barracas Central, también manejado por Hugo.
Pero además, el sindicalista tiene una empresa constructora -Aconra SA- que realiza todas las obras del gremio de camioneros, gremio que factura de sus afiliados más de $1.000 millones anuales.
Sin dudas, Moyano es uno de los empresarios más prósperos de la historia del país.
Moyano, Cristina y la oposición
El enfrentamiento del Gobierno con Moyano, es el tema central de la política argentina de las últimas semanas. No sólo por el poder real del sindicalista, sino porque el kirchnerismo dejó ir un aliado de peso.
Durante las peleas con el campo y Clarín, Moyano fue determinante jugando siempre a favor del oficialismo. No era para menos, durante el kirchnerismo llegó a presidir la CGT y fue el mismo Néstor quien modificando el estatuto de camioneros y transformándolo en logística, permitió al sindicalista avanzar sobre otros gremios como el de Comercio -de Cavalieri- a quien le extirpó 23.000 afiliados.
No es difícil de entender -y mucho menos de comprobar- la sociedad estratégica entre Moyano y el Gobierno de los últimos 9 años. Lo que sí resulta extraño, es el apoyo que ha recibido el camionero por parte de algunos sectores de la oposición.
Hoy Moyano tiene en común con la oposición su enfrentamiento al kirchnerismo, nada más. La diferencia es que tiene poder real para dañarlo, algo que ningún otro sector no oficialista posee.
Su reclamo por ganancias y asignaciones familiares, está por demás fundado y es legítimo, pero creer que eso sumado a su enfrentamiento con Cristina basta para el apoyo de la oposición es disparatado, porque Moyano enfrentado al Gobierno o no, sigue siendo lo que es: un sindicalista que se hizo infinitamente millonario, con la venia del Estado.
Eso es lo que Moyano defiende, y es lo que increíblemente termina defendiendo la oposición que hoy lo apoya. Una oposición que ya está lo suficientemente maltrecha, como para caer en una pelea que podría hasta resultarle útil, si la tomara como lo que es: una disputa de poder ajena, entre viejos socios políticos.
Licenciado Nicolás Merchensky.
Fundación Desarrollo y Política