Con impronta suiza

Domingo 19 de febrero de 2012

Al entrar por la Avenida de los Inmigrantes, el visitante ya se da cuenta de que esta en un lugar distinto. Limpieza, orden, cordialidad, amabilidad, reinan en las calles de esta localidad, de 4 mil habitantes, que sorprende a cada paso.
Las casas no tienen rejas, ni sofisticados sistemas de seguridad. Al llegar a cada hogar sólo hay que golpear las manos y pedir permiso. Casi no hay timbres. Todos saludan mirando a los ojos, hablan bajo, tranquilo, similar a la  forma en que viven. La siesta sigue siendo sagrada y entre las 13 y las 15, sólo hay ruido en la Cooperativa  y de algunas motos que circulan con un joven al volante.
Ruiz de Montoya es conocido popularmente en la provincia como “la suiza misionera”, por sus raíces y su permanente contacto con el país europeo. Pero los habitantes de esta localidad no se olvidan de los inmigrantes alemanes que llegaron desde Brasil y los paraguayos, que se unieron a las 46 familias suizas que llegaron a la tierra colorada en los años 30 y empezaron a dar forma a Línea Cuchilla -nombre con el que los mayores todavía se identifican- y que con los años se transformó en Ruiz de Montoya.

 

Una ciudad distinta

Al caminar por sus calles sorprende por su orden, su progreso, su compromiso y las particularidades de sus instituciones.
El nivel de participación que tiene la sociedad sorprende. No sólo se comprometen en las elecciones para elegir sus autoridades, sino que todo el tiempo toman parte en las decisiones del pueblo.
El intendente Aníbal Vogel (Frente Renovador), está a cargo de la intendencia desde 1999 y en la última elección obtuvo el 75 por ciento de los votos. “Es una comunidad distinta al resto. Cada uno ayuda en lo suyo y ayuda a la municipalidad. Desde cuidar un árbol, la plaza o juntar la basura”, dijo en charla con El Territorio.
Sobre el nivel de participación de la gente dijo “acá son muy participativos y muy exigente. La mayoría trabaja en el sector rural y todo lo que logran lo hacen con mucho esfuerzo y por eso nosotros como municipio tenemos que ser muy prolijos, tener mucho control. Lo que pasa en Ruiz de Montoya no es consecuencia de la política, sino de las instituciones intermedias que se comprometen con su lugar”.
Un ejemplo del compromiso fue lo que pasó en la Plaza Encuentro, en el centro de la localidad. El nombre fue una elección que realizó todo el pueblo y cada planta fue colocada por los vecinos, que hoy se dedican a cuidar el espacio verde.
Cuando algunos vándalos empezaron a romper la plaza el tema fue debatido por radio y luego se comprometieron a cuidar el espacio público. “Nosotros todos los días hacemos conciencia de que es un lugar de todos y todos se sienten comprometidos con su localidad. Siempre digo que para que algo sea cuidado la gente tiene que tener sentido de pertenencia, sentir que es suyo y así lo cuida”, reflexionó el alcalde.
El año pasado hubo 13 hechos policiales y lo más grave ocurrió cuando una banda de adolescentes, regenteado por tres mayores, atacó nueve veces las distintas escuelas de la localidad. Con ayuda de los vecinos la Policía pudo detener y recuperar los elementos robados.
“Es el lugar más tranquilo donde trabaje, lo que no quiere decir que no pasen cosas. Hubo varios accidentes de tránsito con muerte de chicos en los últimos meses, lo que es un problema. Pero en general es una ciudad tranquila y la gente colabora mucho”, explicó el oficial auxiliar Gabriel González.
Que no tengan rejas o alarmas no quiere decir que no estén seguros. En el 2001, una banda robó a varios vecinos y hasta llegó a tomar de rehen a uno de ellos. Esa situación límite llevó a crear Vecinos en Alerta, que ayudan a la Policía a mantener el orden y la seguridad.
Por eso hoy un auto extraño o rostro desconocido inmediatamente dispara los comentarios y todos están en alerta y al tanto de lo que pasa en su ciudad.
“Siempre estamos expuesto a que pase algo, pero no podemos vivir con miedo. Es lo que dije antes, la gente se siente identificado con el lugar y así como cuida una plaza, cuida a su vecino. Somos una comunidad chica y nos conocemos todos y si pasa algo conocemos al que le pasa por eso nos cuidamos entre todos”, comentó Vogel.
 Otro punto que lo hace diferente es su limpieza y orden que sorprende a cualquier visitante, pero no a los hombres y mujeres de esta localidad. “Para nosotros no es raro, es nuestra ciudad, nuestra casa, como no la vamos a tener limpia y ordenada o ¿vos tenés tu casa sucia y desordenada?”, preguntó al cronista de El Territorio Víctor Pellizer, encargado de la fábrica Granja Suiza.
“Es simple, en todos lados siempre es mejor culpar a la municipalidad, pero qué hacen para no ensuciar. Acá es así, la municipalidad hace un 10 por ciento y un 90 hace el ciudadano”, agregó para explicar la filosofía de vida de la ciudad.
“Vivir en Ruiz de Montoya es muy lindo”, contó Alfredo Kallus, presidente de la Cooperativa local. “Hay mucho respeto, mucha paciencia y mucha cordialidad en su gente”, agregó.
“El pueblo es hermoso, su gente es especial, los chicos que vienen a estudiar enseguida se mimetizan con el pueblo, porque son educados, respetuosos, es un pueblo que tiene muchas cosas lindas y las sabe cuidar”, explicó Miguel Ángel Alvez de La Cruz (58) quien nació y se crió en Línea Cuchilla, como a él le gusta llamar a su pueblo.
“La ciudad cambió mucho, creció mucho ante era un paraje acá era Línea Cuchilla, allá Cuña Pirú y hoy ya tenemos el Colegio, la Cooperativa, llegó la ruta, antes esto era todo campo y hoy no para de crecer”, indicó Miguel sorprendido por el lugar donde creció.
“Acá nos conocemos todos, es una gran familia. La gente es cálida, tránquila. Es una sociedad con valores muy claros, es difícil explicar qué tiene, pero te atrapa”, contó Carolina Ramos quien tiene un programa de Radio en FM Ecos, donde se debates los temas de la localidad.
Las instituciones de Ruiz de Montoya son distintas al resto de la provincia y eso también lo hacen un lugar especial.
El Instituto Línea Cuchilla (ILC), fundada por suizo, es el orgullo de la localidad y es una referencia en educación en la provincia (ver página 6). Los productos de la Granja Suiza, fábrica que también pertenece al ILC, son otro emblema de la ciudad. Se venden en toda la provincia y Buenos Aires. En la fábrica los alumnos del ILC aprenden “la cultura del trabajo”.
Otra institución que marca la diferencia es la Cooperativa Agrícola, que es la única de la provincia, que produce en volúmenes industriales té y yerba orgánica (ver página 7).
Claro que nadie se olvida de los origenes y por eso cuando alguien quiere conocer la historia del pueblo todos indican a Lorenzo Zimermann, unos pioneros suizo que estuvo en todas las instituciones de la localidad (ver página 8).
 Además, fue una de las primeras localidades del Interior de la provincia en contar con una planificación urbana, realizada por el arquitecto Diego Pintaluba hace varios años (ver página 9).
En la parte cultural y social la localidad también tiene sus particularidades. En la localidad hay tres grupos corales. El infantil de la Escuela 300, el del Instituto Línea Cuchilla, formados por los alumnos y Los Lapachos que representan a la ciudad. Esa movida cultural lleva todo los años a realizar uno de los encuentros corales más grandes de la provincia.

 

Marcado por los suizos
Los orígenes de Ruiz de Montoya están marcados por los suizo, pero no porque fueron mayoría, sino porque estuvieron en las principales instituciones que marcaron la vida de la localidad.
El arquitecto Diego Pintaluba, en su tesis de grado reconstruyó la historia del pueblo. “Ellos no eran mayoría, pero lograron mezclarse sin discriminar y lograron algo maravilloso. Hoy la mayoría tiene en su sangre algún rasgo suizo”, indicó.
Los primeros inmigrantes llegan en la década del 30, debido a la escasez de trabajo en Europa y la inminente llegada de la guerra. Así llega un contingente de inmigrantes suizos y se asientan en la zona llamada Línea Cuchilla, que años más tarde, toma el nombre de Ruiz de Montoya en homenaje al sacerdote Antonio Ruiz de Montoya.
En 1937 se funda la Sociedad Helvecia Línea Cuchilla y Oro Verde, que muchos años mas adelante se convirtió en lo que hoy es el Club Suizo, con un fin de atender las necesidades sociales, culturales, religiosas y recreativas de las familias asentadas en la zona.
En el año 1945, el día 11 de agosto se forma la Comisión de Fomento de Ruiz de Montoya. En 1951 se inaugura la Escuela Nº 300, en un terreno donado por un pionero inmigrante suizo.
Los suizos y alemanes fundan en 1956 la Cooperativa Agrícola Limitada de Ruiz de Montoya.
Ocho años más tarde, 1962, abre sus puertas la Escuela de Perfeccionamiento Agrícola, hoy Instituto Línea Cuchilla, creado por la Iglesia Evangélica Suiza.
En 1976, la dictadura militar fusionó los municipios de Ruiz de Montoya, Puerto Leoni y Capioví y  no se emprende ninguna obra retrasando el desarrollo local.
Volviendo al Gobierno democrático, en 1983, se recupera la autonomía del municipio y se comienza a concretar importantes obras para la comunidad, referidas a dotación y mejoramiento de servicios y vuelve a tomar fuerza el sueño de los pioneros de hacer de Ruiz de Montoya una ciudad pujante.

 

 

Opiniones

“Es el lugar más tranquilo donde trabaje, lo que no quiere decir que no pasen cosas. Pero en general es una ciudad tranquila y la gente colabora mucho”.
Gabriel González
Policía


“El pueblo es hermoso, su gente es especial. Es un pueblo que tiene muchas cosas lindas y las sabe cuidar”.
Miguel Ángel Alvez de La Cruz
Vecino


“Acá nos conocemos todos, es una gran familia. La gente es cálida, tranquila. Es una sociedad con valores muy claros, es difícil explicar qué tiene, pero te atrapa”
Carolina Ramos
Vecina

 

 

Los problemas a resolver

Como toda localidad Ruiz de Montoya tiene sus problemas.
Entre octubre y febrero se murieron cuatro jóvenes en accidentes de tránsito con motos.
“Para nosotros es grave porque nos conocemos todos y cuando se muere alguien para nosotros no es un desconocido, sino que sabemos y conocemos a su familia”, explicó Carolina Ramos.
Otro problema son las drogas. “Nosotros estamos en una zona de tránsito de la marihuana y los cigarrillos que viene de Paraguay y van al Brasil. Eso es una constante, pero no se pueden resolver de un día para otro tenemos que seguir trabajando en hacer conciencia”, dijo Aníbal Vogel.
“Como en todos lados tenemos problemas, pero trabajamos para hacer una sociedad cada día más justa. Acá no hay ni tantos ricos, y por suerte cada vez menos pobres. En eso tenemos que trabajar para seguir creciendo”, agregó.

 

El orgullo de la localidad

El Instituto Línea Cuchilla es un referente en la educación del país y en abril cumplirá 50 años de vida

 

RUIZ DE MONTOYA. El Instituto Línea Cuchilla (ILC), es el orgullo de la localidad y una institución de referencia en la educación del país. En Misiones es el único colegio secundario que certificó bajo Normas ISO su calidad educativa. La institución privada es una de las seis escuelas del país que alcanzó ese logro.
En abril cumplir 50 años de vida y  sus egresados son referentes en distintos ámbitos de la provincia y del país y siguen en contacto con la institución.
Nació en 1962 como Escuela de Perfeccionamiento Agrícola y con el tiempo se transformó en el Instituto Línea Cuchilla. El pastor Suizo Jorge Bäschlin pensó la escuela para para brindaba la posibilidad a los jóvenes de la localidad de poder terminar sus estudios secundarios con formación agrícola.
Hoy tiene más de 400 alumnos de toda la provincia y sus egresados salen con el título de técnico en Producción Agropecuaria o técnico en Equipos e Instalaciones electromecánicas. La clases se dictan en jornada extendida y tiene tres tipos de alumnos, los locales, los externos -de los pueblos vecinos y un sistema de Residencia, donde los jóvenes de otros puntos de la provincia y del país, pernoctan en la escuela de lunes a viernes.
“Hace 50 años se pensó una escuela donde los hijos de los colonos podían seguir estudiando con una formación agropecuaria y una vez recibidos volver al emprendimiento familiar para seguir trabajando. Nació para formar profesionales pero con valores”, dijo Martín Günthardt, directo del ILC.
“El ILC no sólo se limita a la educación sino que queremos transmitir valores. Queremos que nuestros alumnos y egresados sean personas buenas y responsables, que colaboren y ayuden en sus comunidades”, agregó el pastor suizo.
“Es reconocida desde suiza por su calidad educativa, por sus alumnos y porque lo toman como un proyecto para transformar la sociedad. Vos tenés que ser protagonista para transformar tu sociedad, esa es la filosofía. Yo no ayudo solo con dinero o plata, sino que si capacito jóvenes, van a ser ellos sean los promotores del desarrollo”, indicó.
La escuela cuenta con pileta, canchas de tenis, pista de atletismo, y sus alumnos hacen pasantías y aprenden los procesos de producción en las aulas que el ILC tiene en la fábrica Granja Suiza.
Los festejos por los 50 años empezarán en abril y se extenderán todo el año.
“El  10 de abril será el acto principal y lo vamos a hacer en el polideportivo por la cantidad de invitados, exdocentes, egresados, y luego va a haber un almuerzo y hacer la foto del logo con los visitantes. Va a haber un bono colaboración con el premio de un auto que fue donado por la empresa Seewald. En esa semana va a empezar los festejos y se va a extender todo el año”, adelantó Günthardt.´

 

 

Produciendo desde la chacra

 

RUIZ DE MONTOYA. Los productos de la Granja Suiza, fábrica que pertenece al ILC, son otro emblema de la ciudad.
Sus dulces, quesos, yogures y conservas se venden en toda la provincia y Buenos Aires. Actualmente están produciendo unas 80 toneladas.
La fábrica tiene una doble función, por un lado genera ingresos para mantener los proyectos del ILC y por otro es un lugar donde los alumnos que van al instituto aprenden “la cultura del trabajo”, dijo Víctor Pellizer, profesor-gerente de Granja Suiza.
“Nosotros somos la cara visible del colegio, pero acá los alumnos no intervienen en el proceso de producción, que va por otro lado. Ellos tienen sus aulas donde el error es parte del proceso de aprendizaje. En la producción que sale a la calle no está permitido el error, en las aulas si porque así los chicos aprenden”, contó Víctor, quien cumple la doble función de enseñar a los alumnos y gestionar la fábrica en la que trabajan 6 personas de forma directa.
“No tiene un fin lucrativo, sino que sirve de apoyo a las actividades que genera el colegio”, explicó. Los alumnos cursan módulos de tres meses donde reciben pantallazo del proceso de los distintos productos.

 

 

Una apuesta a lo orgánico

En 1999 la Cooperativa resolvió producir sin químicos y hoy exporta a Europa, Estados Unidos y al exigente mercado asiático

 

RUIZ DE MONTOYA. Hay momentos en la vida de una institución en la que una decisión puede cambiar el rumbo de sus socios y de su futuro.
En 1999 Alfredo Kallus, actual presidente de la Cooperativa Agrícola Límitada de Ruiz de Montoya, logró convencer al consejo de administración que tenían que apostar por los productos orgánicos. “Fue una larga pelea. En 1995 logramos certificar, pero como era poca la producción, aquel consejo quería dejar de producir y fue una lucha difícil convencer a los consejeros y a los productores, pero hoy vemos los resultados”, recordó Kallus en charla con El Territorio.
Esa decisión, sumada a la paga diferenciada de la materia prima   permitió que la producción de yerba mate y té de la Cooperativa crezca y puedan ingresar a Suiza, Alemania, Gran Bretaña, Francia, Estados Unidos, Brasil y al exigente mercado asiático.
Hoy la cooperativa es la única en producir en yerba y té orgánico en cantidades industriales. Sólo de yerba anualmente hacen 200 mil kilos.
“Vimos en aquel entonces que el mundo iba a los productos orgánicos y que era un negocio a largo plazo, luchamos por mantener eso y fuimos certificando en las distintas agencias de los países”, agregó Kallus.
Hoy la Cooperativa tiene 42 presentaciones de productos terminados de té y yerba y además de exportar también vende su producción en Santa Fe, Buenos Aires y en el mercado local.
Un paso fundamental para que los colonos empiecen a producir yerba y té orgánicos fue pagar un precio diferencia al precio oficial. En aquel entonce fue de un 30 por ciento y hoy cada productor recibe un 45 por ciento más del precio oficial de los que producen con químicos. Además para exportar debieron pasar inspecciones de Argenser, que es la que certifica en la Argentina, y la JAS, que es la certificadora japonesa. “Cada país tiene sus exigencias y certifican desde los campos, todo el proceso y hasta el empaquetado”, contó.
La Cooperativa tien más de 500 socios del Departamento Libertador General San Martín y da trabajo en forma directa a 60 personas. Hoy, en plena zafra tealera, trabaja las 24 horas para cubrir la demanda.
“Podemos producir más, pero tenemos que dar pequeños pasos por la situación mundial. Podemos tener una política más agresiva porque el consumo de productos orgánicos viene en crecimiento, pero todavía nos cuesta convencer al productor de que haga productos orgánicos”, reflexionó Kallus.
Sobre la situación financiera de la Cooperativa, el presidente dijo “podríamos estar mejor pero decidimos invertir, mejorar nuestra maquinaria, que en su momento quedó obsoleta, así que estamos bien, pero sabemos que si no hacemos inversiones no vamos a estar a la altura de las exigencias del mercado mundial”.
“Hay entusiasmo para este año porque el consumo va en aumento y eso va a beneficiar a nuestros socios”, finalizó.

 

 

“Creo que algo hice por el pueblo”

El pionero Lorenzo Zimermann (91) recuerda lo que era Ruiz de Montoya y cómo dio forma a las distintas instituciones

 

Ruiz de Montoya (enviados especiales). “Si me van a hacer una entrevista me voy a poner una camisa, porque quiero salir lindo en la foto”. Con 91 años el humor y la simpatía de Lorenzo Zimermann siguen intactos.
Lorenzo es uno de los pioneros suizos que llegó en la década del 30 a Misiones y se instaló en la zona conocida como Línea Cuchilla, hoy Ruiz de Montoya. Sigue usando los tiradores típicos suizos y recuerda cada detalle de lo que debió pasar cuando llegó.
“No había trabajo en Suiza y era venir acá a la libertad o ir a la guerra con el fusil, porque ya veíamos lo que quería hacer Hitler. Escribimos una carta a un amigo que estaba en la zona y nos contestó bien cortito: ‘hay mucho monte y muchos bichos’”.
Llegó a los 18 años con su hermano Francisco que en aquel entonces tenía 28 y José que era el mayor con 30 años. Compraron unas tierras en Línea Cuchilla a la compañía Eldorado. “Vinimos con mis hermanos. Ellos quería ir a Canadá pero no nos alcanzaba la plata, después iba a venir a Brasil, pero como nosotros siempre trabajamos la madera y como nuestro amigo nos dijo que había mucho monte, decidimos venir y cuando llegamos nos dimos cuenta que nuestro amigo nos decía la verdad, había mucho monte y muchos bichos”, recordó con una sonrisa.
“Había mbarigüí, víboras, piques, de todo. A la semana de llegar teníamos todos los pies hinchados de tantos piques que había. No sabíamos que era. Pero salimos adelante”, contó de aquellos primeros días.
Aquellos inmigrantes no tenían mucho dinero y llegaron con poca plata pero con el oficio que conocían.
“Compramos la tierra, semillas de maíz, un poco de tabaco, algunos chanchos y una vaca para la leche y se terminó nuestra platita. Ahí empezamos a arreglarnos como podíamos. Con la ayuda de todos salimos adelante”, afirmó.
Lorenzo y sus hermanos fueron activos ciudadanos y estuvieron involucrados en todas las instituciones que dieron forma a la localidad. A los 20 años conformó el Consorcio Caminero que empezó a hacer los caminos de la colonia. “Compramos una pequeña niveladora y con una máquina de arado empezamos a abrir caminos con unos amigos alemanes de Puerto Rico. Cobrábamos 50 centavos a cada colono para hacer los caminos. Hicimos lo que después fue la ruta 7 y llegamos hasta Aristóbulo del Valle” recordó.
También estuvo en la creación del Club Suizo, conformó la primera comisión de la Cooperativa y encabezó la Comisión de Fomento que trabajó en la municipalización de Línea Cuchilla.
A la vez, fue docente y también intendente.
“Creo que algo hice por mi pueblo, no se si alcanzó pero siempre  di lo mejor que tenía. Para mí, ver la localidad como está hoy es una satisfacción muy grande”, acotó con humildad.
Sobre Ruiz de Montoya dijo “la comunidad es hermosa, la gente es muy buena y se hizo maravillosa sociedad”.

 

 

Ir y volver a invertir en la localidad

 

RUIZ DE MONTOYA. El intercambio con Suiza es permanente y muchos jóvenes deciden pasar unos años en Europa, juntar dinero y volver a la localidad a invertir, por lo que hoy se vive un boom inmobiliario y de la construcción en la zona urbana, y el campo también recibe esas mejoras.
Es tan fluído el intercambio con Suiza que la localidad tiene un cónsul honorario y además el consulado funciona en la sede del Instituto Línea Cuchilla.
Las inversiones se observan tanto en la zona rural, donde la ganadería, la producción de té y yerba orgánica avanza a pasos agigantados, como en la zona urbana con la construcción de casas y emprendimiento. Uno de esas inversiones es un centro de terapias alternativas, que se levanta en una chacra.
“Es bueno que los jóvenes viajen a Suiza o a Europa para juntar dinero y después vuelven a invertir por ese sentido de pertenencia que tienen”, dijo el intendente Anibal Vogel.

 

 

Planificando el futuro

 

RUIZ DE MONTOYA. Diego Gustavo Pintaluba vivió toda su vida  en esta localidad. Curso sus estudios secundarios en el Instituto Línea Cuchilla (ILC) y cuando fue a estudiar Arquitectura a Resistencia, Chaco, sabía que tenía que hacer algo por su ciudad.
“Misiones es una provincia joven y en el 2008 todavía ni se hablaba de planificación en la provincia y nosotros ya hicimos una en la que participó toda la ciudad”, contó de su tesis de grado, a la que llamó Agenda Urbana Participativa.
Y fue revolucionaria para la provincia porque fue una de las primeras planificaciones que incluyó a la gente del pueblo que estaban planificando. “Nosotros decidimos preguntarle a la gente qué ciudad querían, cuáles eran los problemas y en base a eso nos sentamos a diseñar. Fue muy importante porque en cada encuentro había 80, 100 personas, tuvimos ayuda de la Municipalidad, del ILC, de los medios y de la gente. Fue muy alta la participación” recordó en charla con El Territorio.
Aquel trabajo ya planificó a Ruiz de Montoya con 30 mil habitantes. Hoy tiene 4000, de los cuales 1500 viven en la zona urbana. Luego de recibirse entregó un ejemplar a cada escuela y sirve como base para conocer los detalles de la localidad.
El punto principal de aquellos encuentros fue que la gente pidió mantener los espacios verdes para las futuras generaciones.
“Generalmente los barrios se diseñan con una plaza cada diez manzanas, pero por lo que pedía la gente nosotros decidimos hacer otra cosa y así empezamos a diseñar y creamos un gran parque de 45 hectáreas y la ciudad va a crecer entorno al parque”.
“Utilizamos las zonas bajas, a donde escurre el agua y los cauces de agua y seguimos la línea de la avenida principal. Se crece a partir del espacio público y lo que se logra es igualar la sociedad porque en el espacio público todos somos iguales. La ciudad puede crecer y sus habitantes no van a quedar alejados”, afirmó.
Aquella tesis no quedó trunca ya que los concejales locales transformaron ese interesante trabajo en una ordenanza para la planificación de la ciudad. Así hoy, a cuatro años de aquella tesis se logró mensurar y se dictaminaron ordenanzas de no innovar en 37 hectáreas. “Es nuestra base para planificar la ciudad”, afirmó el intendente Aníbal Vogel.
“Lo que falta es la ayuda financiera, porque no hay plata para expropiar las tierras ,sería bueno contar con la ayuda del Gobierno provincial para llevar adelante el proyecto”, afirmó Gustavo, quien en sus ratos libres sigue adelante con los coros que fundó su padre Ernesto.